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Maspalomas
Vicente es un señor mayor abiertamente homosexual que, cuando es ingresado en una residencia, opta por volver al armario.
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Información
Acerca de esta película
Vicente es un señor mayor abiertamente homosexual que, cuando es ingresado en una residencia, opta por volver al armario.
Dirección: Aitor Arregi, Jose Mari Goenaga
Guion: Jose Mari Goenaga
Producción: Ander Barinaga-Rementeria, Xabier Berzosa, Ander Sagardoy, Fernando Larrondo, Begoña Alonso
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MASPALOMAS
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Reseñas de la audiencia
Marco-Hugo Landeta Vacas
(CASTELLANO) Hay películas que te gustan mientras las estás viendo y otras que, sin levantar demasiado la voz, se quedan contigo después. Esta pertenece claramente a las segundas. Me parece una gran pequeña película, íntima y aparentemente sencilla, pero llena de cosas que siguen dando vueltas cuando termina. José Mari Goenaga y Aitor Arregi hablan de la vejez, de la homosexualidad, del deseo, de la familia y de la dependencia, pero sobre todo de algo que me parece especialmente doloroso: la posibilidad de pasar media vida luchando por ser quien eres y descubrir, cuando creías que esa batalla estaba ganada, que el miedo puede volver. Lo que más me impresionó fue esa transición casi física entre la libertad y el encierro. Al principio hay luz, cuerpos, sexo, ganas de vivir, la sensación de que Vicente todavía decide sobre su tiempo y sobre sí mismo. Su homosexualidad no se presenta como un problema ni como una cuestión que necesite explicación: es simplemente parte de su vida. Después cambian las circunstancias y llega la residencia. Nadie necesita encerrarlo en una habitación ni prohibirle nada de manera explícita para que empiece a esconderse otra vez. Mide las palabras. Mide los gestos. Mide qué parte de sí mismo puede mostrar y ante quién. Esa idea me parece demoledora porque recuerda algo de lo que se habla muy poco: salir del armario no tiene por qué ocurrir una sola vez. Hay personas que, después de haber conquistado su libertad, pueden verse obligadas por la edad, la dependencia o el entorno a recorrer el camino en sentido contrario. José Ramón Soroiz está enorme. Pero enorme de verdad. No interpreta "a un anciano homosexual" ni "a una víctima"; interpreta a Vicente, y eso hace que el personaje funcione muchísimo mejor. Vicente puede ser orgulloso, egoísta, vulnerable, cariñoso o cobarde según el momento. Tiene pasado, deseo y contradicciones. Soroiz consigue que muchas veces entendamos lo que está pasando antes de que diga una palabra. La película confía mucho en su rostro y hace bien: en sus ojos se ve cuándo disfruta, cuándo disimula, cuándo siente vergüenza, cuándo se protege y cuándo vuelve a aparecer ese hombre que se niega a desaparecer. Hay interpretaciones que necesitan grandes discursos; esta vive de miradas, silencios y pequeños movimientos. Y precisamente por eso resulta tan verdadera. También me parece muy valiente la normalidad con la que se habla del sexo y del deseo en la vejez. Y digo normalidad porque debería ser exactamente eso. El cine acepta sin problemas que una persona mayor recuerde, sufra, cuide nietos, enferme o espere la muerte, pero todavía parece sorprenderse cuando desea. Aquí hay cuerpos viejos, sexo, necesidad de tocar y ser tocado, ganas de sentirse atractivo, celos, ternura, soledad y placer. Algunas imágenes son explícitas, sí, pero nunca tuve la sensación de que estuvieran ahí para provocar. Al contrario: esconderlas habría sido mucho más falso. Cumplir setenta u ochenta años no convierte a nadie en un ser asexual ni borra la necesidad de afecto y de contacto. La película entiende algo muy sencillo y a la vez muy poco representado: envejecer no significa dejar de estar vivo. Goenaga y Arregi cuentan todo esto con una sensibilidad enorme y, algo que agradezco todavía más, sin ponerse continuamente delante de la historia para recordarnos lo importante que es el tema. Hay reivindicación, por supuesto, pero primero hay personas. También hay familia, culpa, dependencia, miedo a quedarse solo y una pregunta que sobrevuela toda la película: ¿qué significa realmente vivir con dignidad cuando empiezas a necesitar a los demás? El ritmo es tranquilo y en algún tramo puede volverse más costumbrista, pero yo necesitaba ese tiempo. Necesitaba conocer a Vicente, observarlo, acompañarlo, para que después sus pequeños cambios de comportamiento me importaran. La fotografía y los espacios acompañan muy bien ese tránsito entre apertura y encierro. Al final, lo que más me quedó fueron precisamente esas pequeñas cosas. Una mirada. Una conversación que no sale como debería. Una mano buscando otra. El deseo de seguir siendo visto cuando el mundo empieza a tratarte como si ya hubieras terminado. Me parece una película sobre la homosexualidad y la vejez, sí, pero sobre todo una película sobre la libertad, la vulnerabilidad y el derecho a seguir siendo uno mismo hasta el final. No necesita ser grandiosa ni convertir cada escena en una declaración. Su grandeza está en acercarse muchísimo a una vida concreta y, desde ahí, hablar de algo que cualquiera puede entender: el miedo a perder aquello que tanto costó conquistar. Por eso me parece exactamente eso: una gran pequeña película. De las que no hacen ruido al entrar, pero dejan algo cuando se van. (ENGLISH) Some films you enjoy while you are watching them, while others stay with you afterwards without ever needing to raise their voice. This clearly belongs to the second group. I think it is a great little film, intimate and apparently simple, yet full of things that keep circling in your mind once it is over. José Mari Goenaga and Aitor Arregi talk about old age, homosexuality, desire, family and dependence, but above all about something I find especially painful: the possibility of spending half your life fighting to be who you are and discovering, just when you thought that battle had been won, that fear can return. What struck me most was that almost physical transition between freedom and confinement. At the beginning there is light, bodies, sex, a hunger for life, the feeling that Vicente still decides how to use his time and how to live. His homosexuality is not presented as a problem or as something that needs explaining: it is simply part of his life. Then circumstances change and he enters the care home. Nobody has to lock him in a room or explicitly forbid him from doing anything for him to start hiding again. He measures his words. He measures his gestures. He measures how much of himself he can show and to whom. I find that idea devastating because it points to something rarely discussed: coming out does not necessarily happen only once. Some people, after having fought for their freedom, can be pushed by age, dependence or their surroundings into walking that road in reverse. José Ramón Soroiz is tremendous. Truly tremendous. He does not play "an elderly gay man" or "a victim"; he plays Vicente, and that makes the character work so much better. Vicente can be proud, selfish, vulnerable, affectionate or cowardly depending on the moment. He has a past, desire and contradictions. Soroiz often makes us understand what is happening before he says a word. The film places enormous trust in his face, and rightly so: in his eyes we can see when he is enjoying himself, when he is pretending, when he feels ashamed, when he protects himself and when that man who refuses to disappear begins to return. Some performances need big speeches; this one lives through looks, silences and small movements. That is precisely why it feels so truthful. I also think the natural way the film talks about sex and desire in old age is very brave. And I say natural because that is exactly what it should be. Cinema has no problem showing an elderly person remembering, suffering, looking after grandchildren, becoming ill or waiting for death, but it still seems surprised when an older person desires. Here there are ageing bodies, sex, the need to touch and be touched, the wish to feel attractive, jealousy, tenderness, loneliness and pleasure. Some images are explicit, yes, but I never felt they were there simply to provoke. On the contrary: hiding them would have been far more dishonest. Turning seventy or eighty does not make anyone asexual or erase the need for affection and contact. The film understands something very simple and yet rarely represented: growing old does not mean ceasing to be alive. Goenaga and Arregi tell all of this with enormous sensitivity and, something I appreciate even more, without constantly stepping in front of the story to remind us how important the subject is. There is a social statement, of course, but people come first. There is also family, guilt, dependence, fear of ending up alone, and a question that hangs over the entire film: what does it really mean to live with dignity when you begin to need other people? The pace is calm and at times it becomes more observational, but I needed that time. I needed to know Vicente, watch him and accompany him so that the small changes in his behavior would later matter to me. The cinematography and the spaces also support that transition between openness and confinement very well. In the end, what stayed with me most were precisely those small things. A look. A conversation that does not go the way it should. One hand searching for another. The desire to keep being seen when the world begins treating you as though you were already finished. It is a film about homosexuality and old age, yes, but above all it is a film about freedom, vulnerability and the right to remain yourself until the end. It does not need to be grand or turn every scene into a declaration. Its greatness lies in getting extremely close to one particular life and, from there, speaking about something anyone can understand: the fear of losing what took so much effort to achieve. That is why I think of it exactly that way: a great little film. One that arrives quietly but leaves something behind when it goes.
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¿De qué trata Maspalomas?
Vicente es un señor mayor abiertamente homosexual que, cuando es ingresado en una residencia, opta por volver al armario.
¿Cuánto dura Maspalomas?
Maspalomas tiene una duración aproximada de 1 h 55 min.
¿De qué año es Maspalomas?
Maspalomas es una película de 2025.
¿Qué género es Maspalomas?
Maspalomas pertenece a los géneros Drama.
¿Quiénes forman el reparto de Maspalomas?
El reparto principal incluye a José Ramón Soroiz, Nagore Aranburu, Kandido Uranga, Zorion Eguileor.