Gina McVey, joven radióloga de un importante hospital londinense, acude a la celebración del cumpleaños de su padre, John. Entre los invitados se encuentra su novio Stefan, su hermano Daniel y la novia de éste, Kate. Durante la cena, mientras charlan animadamente, un gran espejo de pared se hace añicos sin motivo aparente, provocando entre los asistentes el brote de una tensión inexistente hasta ese momento. Al día siguiente, de camino a casa, Gina cree ver en la calle a una mujer que guarda un asombroso parecido con ella. Sobrecogida, decide seguirla hasta su apartamento, donde, al encontrar la puerta abierta, descubrirá horrorizada una fotografía de su padre con esa otra mujer, un doble perfecto de sí misma. A partir de ese momento, la paranoia se apodera de ella y comenzará a dudar incluso de sus propios allegados...
Ben Willis, estudiante de Bellas Artes, sufre de insomnio como consecuencia del abandono de su novia, Suzy. Para hacer más llevadera la vigilia, empieza a trabajar en el turno de noche del supermercado del barrio. Aquí conoce a gente de lo más variopinta que ha desarrollado su propia manera de hacer frente al aburrimiento de un turno de ocho horas. Ben se imagina a sí mismo parando el tiempo; de esta manera, es capaz de apreciar la belleza de un mundo congelado con la gente dentro, especialmente con Sharon, la cajera callada que quizás guarde el secreto para resolver el problema del insomnio de Ben.
Mick ha heredado su condición de trapichero de su entorno familiar y así lo transmite también a su hijo ya adulto, aunque tiene otras capacidades e inquietudes. Por un absurdo error, él, su hijo y otros dos delincuente de poca monta se ven envueltos en una trama centrada en el robo del único Rembrandt exhibido en Dinamarca. Mick tendrá que lidiar con la policia, con la familia, y con el submundo mafioso para sacar el máximo provecho del robo, o al menos que no le perjudique demasiado.