C.R. MacNamara, un alto directivo destinado en Berlín Occidental, recibe el encargo de cuidar de la hija de su jefe durante una de sus visitas. Cuando MacNamara se entera de que la chica se ha escapado y ha contraído matrimonio con un exaltado joven comunista, y de que su jefe estará de vuelta en tan solo veinticuatro horas, no le queda más remedio que transformar al reacio revolucionario en un yerno digno; de lo contrario, ya puede despedirse de su ascenso. Pero en menos de lo que se tarda en decir "un, dos, tres", sus planes se le escapan de las manos y provocan un incidente internacional capaz de enfadar a los rusos, a los alemanes y, lo que es peor, a su propia esposa, que ya está con la mosca detrás de la oreja.
Margaret Reddle, empleada en el despacho del abogado Shaddle, es contratada como secretaria de la extraña condesa Eleonora Moron que reside en el castillo de Cornerfleet. La joven piensa que, con el nuevo empleo, quizá acaben las siniestras amenazas telefónicas que recibe desde hace un tiempo. El último trabajo que le encarga Shaddle consiste en hacer firmar unos documentos a una tal Mary Pinder, quien se encuentra en prisión desde hace20 años, acusada de envenenar a su marido. Margaret puede echar una ojeada a los documentos y descubre con sorpresa que se trata de su propia madre. A partir de ese momento empiezan a suceder misteriosos acontecimientos que indican la existencia de un complot.
El asesinato del reportero de televisión Peter Berg no es un hecho aislado. El clarividente Cornelius ha tenido una visión del crimen, pero por alguna extraña razón no ha podido ver al asesino. Como el hotel Luxor parece estar relacionado con los asesinatos, la policía intensifica la investigación en sus alrededores. Una terrible sospecha empieza a cobrar forma: el doctor Mabuse, un genio del crimen que pretendía dominar el mundo y a quien todos habían dado por muerto, quizá no lo esté.