Sobreprotegido por sus padres, el inmaduro Pelayo es expulsado de su remoto pueblo asturiano tras una de sus patológicas gamberradas. Es enviado a Madrid para que prospere al amparo de su tío Lorenzo, un empresario triunfador que abandonó el pueblo hace cuarenta años. Su padre le prohíbe volver antes de que se haga un hombre y encuentra una buena chica para casarse. Sin embargo, la realidad se parece muy poco a la imagen que Lorenzo a base de fanfarronadas ha logrado que se tenga de él en su pueblo. El empresario es en realidad un tipo acabado, manager de un grupo de boys piltrafillas que son el hazmerreír del oficio. Ha cifrado sus últimas esperanzas vitales en la inminente boda con Palmira, una prostituta retirada con un hijo obeso que posee un antro cabaretero donde actúan los boys de Lorenzo en despedidas de soltera. La llegada de Pelayo pondrá patas arriba la vida de Lorenzo.
La vida de Fabián, un atractivo juez de buena reputación, da un giro en extrañas circunstancias. La que se suponía una vida idílica, estructurada en torno al núcleo familiar y laboral de lo más convencional, deriva en una espiral de engaños y falsas apariencias. Todas las personas que rodean a Fabián en los últimos años de su vida participan de una manera u otra en su inminente destrucción como piezas de un rompecabezas que rebelará no sólo las emociones, debilidades, frustraciones y la verdadera personalidad del juez, sino también las de sus familiares y amigos.