Cuando era joven, Ruza dejó Belgrado y emigró a Suiza con la esperanza de emprender allí una nueva vida. 25 años después, todo parece indicar que ha cumplido sus objetivos: es dueña de un comedor en Zurich que regenta con mano firme y buenos resultados económicos. Ruza está muy apegada a su rutina diaria, estructurada meticulosamente, pero su ordenado mundo da un vuelco cuando entra en escena Anna, una joven de veintidós años procedente de Sarajevo. Ruza se siente amenazada por la conducta impulsiva de la joven, aunque también experimenta el magnetismo de su gran energía vital. Poco a poco va creciendo la amistad entre estas dos mujeres que, sin embargo, no consiguen salvar la doble barrera que las separa: el temor que siente Ruza a la hora de abrirse por completo a los demás y un secreto inconfesable de Ana.
Ann Berg es una patóloga de 27 años que encuentra la garra de un animal sobre un corzo muerto. Como no sabe a qué animal pertenece dicha garra, se lo pregunta a un experto en la materia: Mitch McDearie, propietario de un terrario de cocodrilos. Cuando están investigándolo, ambos se encuentran de frente con un enorme cocodrilo del que tienen que huir, pero al que se proponen cazar para evitar posibles muertes de seres humanos. Sin embargo, la principal amenaza de esta singular pareja no es el reptil, sino los dueños y traficantes del animal, a la cabeza de todos ellos Killiak, que quiere su cocodrilo de vuelta para poder venderlo. McDearie se ve, así pues, forzado a darle lo que en realidad es suyo a Killiak si quiere volver a ver a su joven hija.